lunes, mayo 09, 2016

Hoy me desperté temprano, muy temprano, con un desasosiego brutal golpeándome como con un mazo en el cerebro. Otra vez esa sensación de no pertenencia; de abandono que me ha acompañado desde que tengo uso de la razón.

Estaba buscando algún motivo plausible para levantarme de la cama—como si realmente necesitara de alguno para continuar haciendo mecánicamente lo que siempre hago de un tiempo para aca--, pero no encontré ninguno, o por lo menos ninguno que me convenciera, sin embargo me levante porque los demás necesitan que lo haga y los quiero demasiado como para defraudarlos.

Lo primero que vi fue la pintura que me regalo mi compadre el Chato hace algunos años.






  
Pulse el icono del wifi de mi celular y empezó a vibrar anunciándome que tenia muchos mensajes en el wassap en varios chats; porque ayer me dormí muy temprano y lo silencie para poder dormir tranquilo, sin sobresaltos; no leí ninguno.

Ya ni la promesa del café mañanero me movió el tapete, ni siquiera el cigarrito consuetudinario me animaba para activarme. Solo lo logro la maldita idea de no querer fallarle a los demás (supongo que es lo único poderoso que realmente me levanta, porque no soporto la critica, ni el chantaje sentimental de mi madre).


Y mi día hoy  fue mecánico: el trabajo, la cocina, los clientes, las sonrisas sin ganas. Lo único verdadero fue el dolor de quien sabe que, pero ahí estuvo siempre, cada minuto, cada exhalación, cada vez que daba un paso para hacer las cosas que hice hoy. En fin, supongo que otra vez estoy a la puerta de esa etapa culera que de vez en vez me sucede, snif…

2 comentarios:

Jaquelin Reyes dijo...

Suele suceder...¿Sabes? A mi me ha sucedido mucho últimamente. Pero todo pasa,todo cambia,todo mejora.

Guffo Caballero dijo...

Son rachas. Y están de la chingada. Creo que se acentúan cuando llevamos mucho tiempo haciendo lo mismo. Saludos.