Luna sonámbula que ruedas sobre el tapete de oscuro de abril o mayo, que no cortas margaritas en verano para no deshojarte en un otoño, ¿no sabes que es malo repetir tu brillo siempre?, ¿no sabes que es malo enamorarse de todos?.
Luna sonámbula de todas mis noches, ¿hasta cuando dejaras de lastimarme?.
Por si acaso olvidas tu rumbo, no llores, solo sigue mis ojos en el cielo, no dejes pauta alguna en tu movimiento, que no sepa yo que te avergüenza ser mas mística que el sol.
Y si el nombre de tu amado se te olvida luna sonámbula, no importa pues siempre habrá algo que te lo recordara, tal vez un lirio opaco, una rosa marchita, una noche en llanto o una débil margarita.
Me asemejas, luna, en tus fases pedazos de mi vida, del cuarto creciente al cuarto menguante, te asusta y me asustas al pensar que podrías morir sin brillar de nuevo en luna llena.
Luna sonámbula de todas mis noches ¿hasta cuando dejaras de preocuparme?
Como una forma de respeto al pùblico, este blog no contiene risas grabadas.
martes, diciembre 05, 2017
martes, noviembre 21, 2017
Hoy me desperté con el recuerdo más frágil y preciado de la infancia:
una tarde nublada del mes de abril, cuando mi madre me dijo que nos íbamos a vivir a Monterrey hace 36 años, no le pregunte porque, en el
fondo, tristemente, sabía la razón.
Es cierto que los
recuerdos felices, si acaso los recuerdas vagamente, o tal vez los tergiversas, se olvidan fácilmente, pero los tristes nunca.
Fue una tarde de abril, recuerdo perfectamente
el mes porque en las ramas del almendro --que tantas
tardes me cobijaban con su fronda y otras más trepe--, las hojas ya se estaban pintando de
color rosado y sus frutos ya empezaban a madurar. Bajo su rama más gruesa, mi
padre había colgado un columpio para nosotros, sus hijos, pero para esa etapa
de la vida, yo era el único que lo utilizaba.
Supongo también que debería de haber sido lunes o martes,
porque estaba leyendo un comic que no acabe de leer el domingo cuando era mi día
de comprarlos en el puesto de la entrada de la colonia.
Cuando se fue mi madre, después de darme la noticia, deje el
comic en la caja donde guardaba los otros y me empecé a mecer en el columpio (cosa
que raramente hacía), en esa tarde
nublada del mes de abril, pensé que mi vida iba
a dar un cambio muy radical (tal vez ese fue el primer pensamiento maduro que tuve) y me dio
mucho miedo.
Ya no seguí leyendo mis comic, solo me quede columpiando,
cuando mi mamá me hablo para cenar, trepe al árbol y lo abrace muy fuerte y
llore mucho.
Esa noche no cene,
fui a mi cuarto, busque una almohada y una cobija, baje y le dije a mi mamá que
me iba a dormir en el árbol de almendras, ella no me lo prohibió, ambos teníamos
nuestras razones…
viernes, noviembre 03, 2017
domingo, octubre 22, 2017
viernes, octubre 20, 2017
Fue de lo más extraño
el día de hoy...
Me desperté temprano para organizar mis vueltas al centro de
la ciudad para comprar los materiales y
encargar los trabajos a mis dos
impresores, porque como ya es del conocimiento público: yo no tengo automóvil y
la verdad ni falta que me hace. Por la misma razón tuve que aprender los
horarios en donde el flujo humano es más fluido.
Y bueno, por mis constantes expediciones en el transporte
público me di cuenta que la mejor hora para evitar toparme con aglomeraciones, es
después de las 10:30 de la mañana y la verdad que no busco ir sentado en el
metro, pero por lo menos no ir como sardina, a esa hora no está del todo mal, porque vas un
poco holgado de espacio y las demás personas no huelen tan mal porque van recién
bañadas y adormecidas, solo se concretan
a usar los auriculares y como yo: evitar a toda costa el contacto humano. Y bueno,
hasta aquí la explicación de mis hábitos al transportarme.
Lo extraño de hoy, porque curioso no fue, es que en la estación
del metro donde lo abordo para ir al centro, me encontré a cuatro personas con
las cuales había convivido en mis tiempo de secundaría, platicamos alegremente,
bromeamos acerca de los apodos crueles que les pusimos a varios maestros; lo extraño es que los
cinco nos bajamos en la misma estación de Félix Uresti Gómez, y para continuar
con lo extraño, caminamos los cinco hacia el mismo rumbo, intercambiamos
números telefónicos y prometimos llamarnos después; cuadras después nos fuimos separado hacia nuestro
destino, nos despedimos y continúe mi camino.
Yo camine rumbo al oriente para ir a comprar un material y
estando en la fila para pagar, me encontré a una amiga que trabajaba en una
imprenta, a la cual no veía desde hace como 8 años y mientras nos cobraban
platicamos de los más animados, al final nos despedimos, no sin antes
intercambiar números telefónicos y prometer hablarnos. Tuve que esperar por
espacio de una hora un corte de material, me senté en la banca de hierro
forjado y me resigne a esperar.
Estando de los más entretenido jugando al Donkey Kong (soy
retro, demándenme) con mis audífonos para no molestar a nadie, sentí un ligero
toque en el hombro. Grandilocuente fue
mi sorpresa al ver que la persona que me había tocado era una amiga de la prepa
a la cual no veía desde hace más tiempo, nos abrazamos, me pregunto qué porque
estaba yo ahí, le explique que estaba esperando un corte de un material, que tenía
una imprenta, que sus ojos verdes y su rostro siguen tan hermosos como los
recordaba la última vez que la vi, jejejejeje, se sonrió y me presento como su
esposo al tipo flaco que se acercó a ella para pedirle la orden de salida,
intercambiamos teléfonos y prometimos llamarnos.
Total que salí como a las 1:30 pm. con mi corte, pero
ya sentía un hambre espantosa, casi desfallecía;
recordé que unas cuadras más delante vendían
unas tortas que en su momento marcaron tendencia en Monterrey, tome un taxi y me
baje a cuatro cuadras, la verdad ya mis pilas estaban bajas y no quería caminar,
y otra vez, para ser aún más extraño este relato, me encontré a un amigo que
antes era bar tender y cocinero , él trabajaba
en el club de leones Poniente, en donde
yo iba hace como seis o siete años a
echar cheve, y créanme que cocina mejor
que yo (y eso ya es decir mucho), le pedí una torta de milanesa y mis papilas gustativas
danzaron frenéticamente en una orgía de sabores, condimentos y el picante
equilibrado.
Yo siempre me he considerado un hombre de ciencia, y uno, como
hombre de ciencia sabe que hay que repetir el experimento para obtener el mismo
resultado, así que le pedí mi segunda y mi tercera torta de milanesa (los parámetros
del experimento deben de ser siempre los mismos para llegar a un mismo
resultado). Esta vez no intercambiamos números telefónicos porque me dijo que
no tenía celular.
El resultado de este día raro, fue que me encontré con siete
personas que ni de pedo nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en distintos escenarios, porque ni siquiera
tenía sus números para haberlo planeado, simplemente fue algo raro, no creo en
la casualidad.
Es más, si me lo pienso bien, este es un récord personal de
encontrarme con personas con las cuales no había planeado reunirme.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



